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Política, literatura, medios

Autor: Jorge Ferrer

Jorge Ferrer. Foto © Laura Ceccacci

Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España.

Foto: © Laura Ceccacci

Contacto: eltonodelavoz@gmail.com

 

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Tristán de Jesús Medina

Tristán de Jesús Medina

Retrato de apóstata con fondo canónico. Artículos, ensayos, un sermón. Selección y prólogo de Jorge Ferrer. Editorial Colibrí, Madrid, 2004.

 
Cubierta Minimal Bildung

Minimal Bildung

Veintinueve escenas para una novela sobre la inercia y el olvido Editorial Catalejo, Miami, 2001.

 

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Eliécer Ávila, un freak

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He leído la entrevista que Eliécer Ávila concedió a Alberto Méndez Castelló para Cubaencuentro. Leí también su carta que publica hoy el mismo portal con el título «Aclaraciones necesarias».

A quienes llevamos unos cuantos años fuera de Cuba y nos hemos saltado el surgimiento de la generación a la que pertenece Eliécer Ávila, ambos textos, como aquella intervención en la UCI que dio la vuelta al mundo, nos hacen correr el riesgo de pensar que ese joven dotado de un envidiable sentido común para describir la situación del país «representa» a alguien, que por su voz habla su generación, que su capacidad para interrogarse sobre la realidad cubana es la de sus condiscípulos en la UCI y el resto de jóvenes que lo igualan en edad.

La mala noticia es que no es el caso. La generación de Eliécer es la de una desideologización rampante, jóvenes ajenos a la política, desencantados de todo y de todos, animados por un individualismo cerril que excluye toda forma de participación política, salvo la imprescindible para mantener el equilibrio que les proporciona estudio o trabajo bajo un régimen totalitario. Muchos de ellos suscriben las palabras de Eliécer en la entrevista, pero lo hacen con el mismo deseo de emularlo que el que me produce a mí el paseo espacial que hizo anteayer un astronauta chino. Que Eliécer Ávila quiera hablar, discutir y cuestionar poniendo en juego su propio futuro les parece el comportamiento de un demente o, dicho en cubano, de un comemierda. (Recuerdo, por cierto, trance parecido en el Moscú de 1989, cuando un estudiante de filosofía de Baracoa y tan humilde como Eliécer sostuvo en una reunión de la UJC, y ante dirigentes llegados desde La Habana, que acababa de detectar que en Cuba existía culto a la personalidad y se lanzó con larga, y bien fundamentada, perorata sobre el asunto. «¡Qué manera de embarcarse por gusto!», decía todo el que se enteraba del caso, a la postre desactivado.)

Eliécer Ávila es el freak del mes, aunque bien distinto de aquellos «friquis» que poblaron la geografía urbana de la Cuba de los ochenta y protagonizaron una interesante cultura de la apatía y la resistencia. Un freak, entiéndase, y pongo el parche antes de que aparezca el descosido, donde la denominación no contiene matiz peyorativo alguno.

Un muchacho con orígenes sociales humildes, educado en esa escuela de honestidad que son tantas familias pobres y rurales, que se define como revolucionario, sostiene estar dispuesto a ir a la guerra por su país y preferiría morir antes que aceptar la ayuda humanitaria de los EE.UU. Y, a la vez, quiere hablar, denunciar, dialogar con la mediocre y corrupta elite política de su país. Ese es el cocktail. Y no habrá nadie que quiera bebérselo allá.

Ha sido en tanto freak que lo han apartado en la UCI, como él mismo denuncia. Y su friquismo lo condenará a la desactivación que lo espera. La valentía, las ganas de escapar del redil totalitario, no se premian nunca en el país de las sombras breves y escasas.


Manifiesto: Operación Almohada

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Manifiesto: Operación Almohada

1) Quienes abogamos por la Operación Almohada no entramos en el debate acerca de la eutanasia. Lo nuestro es la euforia.

2) Quienes abogamos por la Operación Almohada no descartamos otras vías. Somos sectarios pero tolerantes con la diferencia. De hecho, siempre preferimos que le metieran un tiro, pero el tiempo nos ha negado el olor de la pólvora. Los años y la ocasión nos han convertido en devotos de las almohadas. Somos un grupito como cualquier otro. Fueron los cátaros y son los otakus. También los abogados de la Operación Almohada somos orgullosos sectarios…

3) A las almohadas les contamos los sueños, dicen los líricos. Pero ¿y si también las almohadas quisieran hablar?

4) Quienes abogamos por la Operación Almohada somos pragmáticos. Ya no buscamos soluciones, porque no las hay. Tampoco buscamos venganza, porque por no tener, no tenemos ni ganas de cobrárnosla. Lo nuestro son las matemáticas: queremos se despeje la primera ecuación del poscastrismo: Castro II - Castro I = x.

5) Quede claro que no representamos a fabricante de almohadas alguno. Nos da igual cuál se utilice, quién la fabricó, que goce o no de patente, que sea ortopédica o blasone de ergonómica. Una almohada queremos, cualquiera. O dos.

6) Quienes abogamos por la Operación Almohada no pedimos el levantamiento del embargo. De hecho, buena parte de los cofrades llama «bloqueo» al expediente de restricciones. (Porque, sépase, la Operación Almohada es requerimiento que viene de la Isla de Cuba. ¡De allá viene!) Exigimos, no obstante, a los gobiernos de Cuba y los EE.UU. el levantamiento de toda restricción a la importación de almohadas. Creemos que a más almohadas circulando por el país, mayor posibilidad de que la Operación sanitaria se lleve a cabo.

7) Por último, quienes abogamos por la Operación Almohada, ¡novedad!, no pedimos firmas que la apoyen. Pedimos almohadas, y edecanes, randys -¿o será randies?- enfermeras y guardias dispuestos a apretarlas con firmeza.

 

De contra:

Por cierto, y a propósito de Randy.

Me han contado anécdota deliciosa sobre el bueno de Randy, el aquiescente Randy. No es nueva, pero no la conocía y supongo otro tanto ocurra con muchos lectores. La fuente es de primera mano, y me la callo por razones comprensibles.

Se casó Kcho el pasado febrero. (No lo anoté, pero juraría que fue el 22 de febrero.) Raúl Castro le deja su casa en Varadero para fiesta y posteriores.

Se reúne allí toda la jet set del castrismo tardío. Todos y todas las luminarias.

A Randy, sin embargo, no lo invitan, pero él, ay, se aparece solito, y ya que fue no era cosa de hacerle el feo al feo Randy, de manera que lo dejaron pasar.

Ron por aquí, whiskey por allá: la fiesta del inefable Kcho fue todo un «suceso», que dirían del otro lado del Atlántico.

Y llegó de pronto Castro II. Los invitados se ponen en fila para darle la mano. También Randy.

Raúl avanza, saluda, abraza, y le llega el turno a Randy en la cola del besamanos.

Randy sonríe con esa sonrisa tan suya y extiende la mano.

¡Y OCURRE LO QUE SIGUE!

Raúl lo mira y le dice alto y delante de todo el mundo:

–A ti yo no te doy la mano porque tú eres un mentiroso.

Fotos: La de Randy Alonso mostrando carta de su Jefe es de Claudia Daut para Reuters. La de la almohada forma parte del muestrario guardado en la sede de la Operación Almohada.

 

UPDATE:

La Cámara de Representantes dice NO al plan de rescate propuesto por el presidente George Bush.

Por cierto, Lincoln Díaz-Balart, Mario Díaz-Balart e Ileana Ros-Lehtinen votaron NO.

Así reaccionó el Dow Jones. Se están acabando las últimas migajas de pan de piquitos...


Comité de Vigilancia Revolucionaria

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A mí siempre me gustó más el nombre que les dio Fidel Castro, mientras los entusiasmados cubanos aplaudían a rabiar: Comités de Vigilancia Revolucionaria.

Porque el otro, el que acabó imponiéndose, Comité de Defensa de la Revolución, diluye la función primigenia.

Encima, se inventaron aquel logotipo misleading: un tipo con la cabeza gacha, suerte de sombrero alón que le esconde los ojos, y blandiendo un machete que más bien parece una mocha. Hay algo guajiresco en esa imagen, cuando en realidad se trataba de poner a trabajar al lumpen urbano y los enanos burgueses, que decía Cabrera Infante, en la trinchera de la chivatería.

En eso, concedámosle al régimen anterior, al menos, la claridad en la expresión. El BRAC, por ejemplo: Buró de Represión de Actividades Comunistas. ¿Claro? Sí, señor: prístino y diáfano.

CDR, en cambio: ¡vaya mariconada! Defensa de la revolución: una bella excusa para amparar moralmente la delación y el acoso. Ese gusto revolucionario por el eufemismo, la mentira, la tramoya verbal. Y esa habilidad para generar instrumentos que permitan medir la antipatía hacia el sistema.

Ay, la revolución… Una máquina perfecta, tanto que no hay imperfección que la haya hecho implotar en medio siglo. Ni la rotunda fealdad de los murales del CDR, ni la estúpida costumbre de hacer aquellas guardias en el portal de la bodega, ni la recogida de papel y tubitos de Perla ya vaciados con la fanática saña que infunde la escasez, ni los pioneritos que aporreaban tercamente las puertas de quienes se resistían a ir a votar… Sólo la naturaleza se le opuso siempre: el sol y la lluvia decoloraban los murales. Dejaban cualquier Fidel en un Fi el, como en el magnífico documental Fiel Fidel, de Ricardo Vega, que hoy he tenido ocasión de ver por enésima, siempre iluminadora, vez.

Y resiste también gracias, cómo no, a los artistas cubanos, a los cotizantes de la UNEAC. Hace unos años componían e interpretaban esta bonita canción dedicada a los Comités de Vigilancia Revolucionaria en ocasión de otro aniversario: Razones para un sueño, la titularon. ¡Y todavía hay quien se sorprende de lo que aquello dura!


¿Quién ganó el debate de anoche?

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–¿Viste el debate de anoche?

–Sí.

–¿Y?

–Y, ¿qué?

–¿Quién ganó, coño?

–McCain.

–¿McCain? ¡Que va! ¡Ganó Obama de calle, asere!

–Ganó McCain, porque cuando dos contendientes empatan, gana el más viejo por razón tan sencilla como que le quedan menos años de vida para decir estupideces.

–Oye, ¿estamos hablando del mismo debate?

–Ah, no sé, yo me eché uno en la Fox a las tres de la mañana entre un monigote de cabello blanco que no dejaba de blasonar de las millas que lleva viajadas y un mulato orejón que se cree que puede reinventar la política.

–…

–El saldo: a ninguno de los dos le gusta la codicia y ambos odian a una Rusia de la que no tienen ni idea. En realidad, el debate me puso algo sentimental porque me recordó a mi abuela, que en paz descanse.

–¿A tu abuela?

–Sí, porque esos dos extremos eran el fundamento de su ideología: cero codicia y desprecio a los rusos. ¡Coño, pensar que esa obrera de la Textilera Ariguanabo pudo haber sido candidata a la presidencia de los EE.UU., tú!

–Bueno, ok, admito que fue un empate.

–No, mira, ahora que lo pienso mejor: el debate lo ganó mi abuela.

–Estás del carajo, socio.

–It’s not true, que repetía ayer Obama cada vez que le recordaban sus propias palabras… o… bueno, imagíname haciendo la muequita deslabiada con la que McCain manifiesta desacuerdo…

 

Por despreciar ayuda, Castro I, ensoberbecido, indolente, miserable, desdeña hasta la ayuda de Venezuela. Sólo cabe la Operación Almohada.

¡La Operación Almohada es imperativa!

«Mis conversaciones con él se caracterizan por el punto de vista que sostengo de que en este instante lo más importante es salvar a Venezuela de la embestida política del gobierno de Estados Unidos. Durante su última visita discutimos sobre la magnitud del apoyo que ya nos brinda y el que desea brindarnos, y nuestra sugerencia de que concentre el máximo de recursos posible en la batalla interna que hoy libra contra la ofensiva mediática y los reflejos condicionados sembrados durante muchos años por el imperialismo.»


Historia del automóvil

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La editorial Melusina acaba de publicar Historia del automóvil, de Ilya Ehrenburg, y en mi traducción.

El texto es parte de Crónicas de nuestro tiempo, un proyecto que ocupó a Ehrenburg durante sus años de emigrado en Berlín y París, a finales de los años veinte del siglo XX. Otro libro desgajado de ese proyecto, La fábrica de sueños, apareció en la propia Melusina el pasado abril. Entonces comenté aquí sobre el autor e inserté un fragmento de aquel libro, rotundamente magnífico.

Si en La fábrica de sueños Ehrenburg se ocupaba de historiar el surgimiento y la consolidación de la industria del cine, Historia del automóvil describe la extraordinaria aventura de la velocidad, la de la cadena de montaje y la de la carretera. Doble mutación de la relación del obrero con la máquina y del hombre con el paisaje.

Más abajo, por cortesía de la editorial Melusina, inserto un fragmento. Automóviles producidos contra dedos cercenados: una ecuación más de la industria.

Historia del automóvil en Melusina, La Central, Laie

Historia del automóvil

(fragmento)

Por Ilya Ehrenburg

El Sr. Citroën dona un magnífico automóvil al joven que obtiene los mejores resultados en los exámenes finales de bachillerato. El Sr. Citroën hace instalar en las carreteras 150.000 postes con su nombre estampado. El Sr. Citroën vende 400.000 automóviles de juguete. El Sr. Citroën participa en todas las exhibiciones habidas y por haber: en Marruecos y en Perú, en España y en Australia. Coste y Le Brie sobrevolaron el océano. Están en Montevideo. ¿A quién van a visitar en primer lugar? Pues, naturalmente, al representante de Citroën. Viajan a París los legionarios británicos. El Sr. Citroën les envía de inmediato toda una flotilla de automóviles. Los agentes de venta de Citroën se entrevistan con el Sr. Tardieu y el Sr. Decobra. También con los señores Sacha Guitry y Pierre Mille. Cada día, los periódicos traen toda suerte de noticias sensacionales: Citroën propone iluminar la Plaza de la Concordia, Citroën organiza una nueva expedición al Tibet, Citroën duplica la producción de sus fábricas. Citroën… Citroën… Citroën… A ras del suelo, París; a ras del suelo, los diputados y escritores, el Louvre y la tumba de Napoleón; a ras del suelo, el azulado polvo de los museos. Encima, sobre todo ello, la torre Eiffel. Los surrealistas están enamorados de ella. Y pronto la condecorarán con una medalla de guerra. Es la más orgullosa de todas las parisinas. Supera en estatura a Nôtre-Dame y a la célebre Fedra de Racine. Y en ella refulgen siete letras fatales: «C-I-T-R-O-Ë-N». ¡Daos prisa, antes de que se os haga tarde!

Al Sr. Citroën le encanta apabullar al público con sus cifras. Los números son siempre misteriosos, a la vez que patéticos. Él insiste una y otra vez: nuestras fábricas ocupan 70 hectáreas de terreno. La fuerza de nuestras máquinas alcanza los 46.000 caballos de fuerza. A fecha del 31 de diciembre de 1931, hemos producido 319.074 automóviles. Ahora ya somos capaces de producir 1000 vehículos diarios.

El Sr. Citroën cuenta muchas cosas. Pero también se guarda unas cuantas. Así, por ejemplo, en los folletos no se explica que la ganancia neta de las fábricas de la Citroën durante el primer semestre de 1928 fue de 106.000.000 de francos. No es información que interese a los compradores de automóviles. Interesa sólo a los accionistas. De ello se escribe en las secciones de finanzas de los diarios más respetables. Pero hay otras cifras que no interesan ni a los compradores ni a los especuladores bursátiles, aun cuando son tan misteriosas y patéticas como el dato acerca de las hectáreas que ocupan fábricas y talleres de la Citroën. Por ejemplo, la información acerca de que en una de esas fábricas –concretamente en la que está ubicada en Saint-Ouen–, se han registrado 1.200 accidentes laborales en apenas nueve meses de trabajo.

En Saint-Ouen están los talleres de estampado. Y allí están instaladas las faraónicas prensas que son el orgullo del Sr. Citroën. Pero además de las prensas, en los talleres hay obreros y un segundero que cuenta el avance del tiempo. Veamos el informe correspondiente a un sólo mes:

El 7 de septiembre un obrero perdió un dedo. El día 10, una mujer perdió tres dedos y un obrero perdió la mano. Ese mismo día, otra obrera perdió tres dedos. El día 11, dos dedos quedaron bajo las prensas y la sierra de corte continuo cercenó una mano. El día 26, otro dedo se quedó en la prensa. El día 5 de octubre fueron dos los dedos aplastados. El siguiente, día 6, fue una jornada redonda: un obrero perdió tres dedos; otro, perdió cuatro. Y un tercero se dejó la mano entera en el taller.

Así, se podría añadir más información a los folletos. Se podría hacer constar, por ejemplo, que en una de las fábricas de la Citroën a lo largo de un mes se producen 12.000 automóviles, se generan 18.000.000 francos de beneficio neto y se arrancan 34 dedos.

Tomado de Ilya Ehrenburg, Historia del automóvil, Melusina, Barcelona, 2008, 256 pp.

Traducción de Jorge Ferrer